
(2008-10-10) Nuestra vecina Francia se ha empeñado en pedir a la Unesco la consideración de "Patrimonio de la Humanidad" para la gastronomía de ese país.
Aunque el concepto de "patrimonio" solemos relacionarlo con monumentos o espacios urbanos, existe también el llamado "patrimonio inmaterial", que reconoce aportaciones de la cultura de un pueblo al acervo de toda la humanidad y que no pueden tocarse ni visitarse como son las danzas, las tradiciones o el teatro. Entre ellas, desde 2001, figura una de las riquezas culturales de la que más orgullosos estamos en nuestra comunidad: el Misteri d'Elx.
En ese contexto de reconocimiento de todo lo que tiene que ver con la forma que escoge un pueblo para manifestar su cultura, resulta asombroso que la Unesco no haya contemplado todavía el arte de comer como una aportación cultural más.
La diferencia radica en la percepción de los modos de alimentación como una forma de nutrirse sin más o bien como una mezcla de arte, de búsqueda del bienestar, de cuidado de la salud y todo ello con la habilidad de echar mano de los bienes del entorno.
De hecho, aunque debería constituir un apartado propio, la gastronomía podría incluirse entre las tradiciones y formas de vida que la Unesco recoge en los apartados de "usos sociales", "usos relacionados con la naturaleza" o "técnicas artesanales".
En todo ello cabe la paella de los domingos o la torrà de xulles aunque pretenda ser copiada por las barbacoas anglosajonas. Ambas, paella y torrà, son acontecimientos sociales, con sus ritos y sus costumbres; tienen relación con la naturaleza, sobre todo cuando se hace en el campo, con leña y romero, y, sin duda, responde a técnicas artesanales. Y a veces artísticas, añado yo.
El acierto de España en la competición con Francia es haber escogido un modo distinto de presentarlo ante la Unesco. En lugar de poner el acento en la gastronomía local como muestra de un modo de ser circunscrito a unas fronteras, España se ha unido a Italia, Marruecos y Grecia para reivindicar una forma de vida en las orillas del Mediterráneo. Es un enfoque que se fija más en lo que nos une que en lo que nos separa: el aceite, el pan o la verdura fresca y la fruta. Mucho más que dieta mediterránea. Vida mediterránea.
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