
(2008-05-09) La única vez que Fidel Castro se fotografió jugando golf fue en 1961 y lo hizo, según explicó, para burlarse de su enemigo Estados Unidos.
Ahora que Fidel transfirió el poder a su hermano Raúl, Cuba está dejando de lado las objeciones ideológicas para abrirle paso al golf, quizás el más capitalista de los deportes.
Inversores de Canadá y Europa han propuesto la construcción de urbanizaciones privadas con hoteles de lujo y condominios en torno a campos de golf de 18 y 36 hoyos cercanos a balnearios a lo largo y ancho de la isla.
Algunos de los proyectos, incluido uno de la compañía del famoso arquitecto británico Norman Foster, han debido esperar años y aguardan ahora que el nuevo presidente Raúl Castro les de luz verde.
"La viejas objeciones al golf por motivos ideológicos han terminado," dijo Mark Entwistle, un ex embajador canadiense en La Habana que ahora asesora a firmas extranjeras interesadas en hacer negocios en Cuba.
"El golf es visto como algo importante para desarrollar un turismo sofisticado, más allá del sol y playa," afirmó el ex diplomático, involucrado en uno de los proyectos de golf.
Desde que asumió la presidencia en febrero, Raúl Castro ha levantado discretamente algunas restricciones, permitiéndo a los cubanos, por ejemplo, alojarse en los hoteles reservados para turistas extranjeros.
El nuevo líder cubano no parece compartir el rechazo de su hermano por el golf, un deporte considerado de la burguesía. Según Entwistle, hay una decena de proyectos turísticos con campos de golf en diferentes fases de aprobación.
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