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Escritores contumacinos. Una mirada al siglo XX

     
Escritores contumacinos. Una mirada al siglo XX (2007-05-19) La provincia de Contumazá se precia de ser cuna de artistas. Y con justa razón, porque en ella hay poetas, narradores, músicos y pintores de valía que le han dado prestigio internacional. Basta citar sólo al poeta Mario Florián; al Tío Lino, famoso cuentista oral; a Andrés Zevallos, pintor de renombre; a Gilberto Plasencia, cantautor de valses interpretados por los Embajadores Criollos. Sin olvidar, por cierto, a José Dolores Cava y a Carlos Forero Zubiate, no nacidos en esta tierra, autores de los dos "himnos" más importantes que Contumazá ha cantado durante el siglo XX: El yaraví "El Hermoso Cascabamba", del primero, y el bolero "Contumazá" (1946), del segundo. Además, está el vals "Contumazá" (1957) de Gilberto Plasencia que compite con los anteriores en primacía, pero que si bien se equipara al bolero, ambos no igualan en calidad estética y temática al primero. Pero no sólo en el arte y la literatura hay nombres egregios. También en la arqueología Walter Alva Alva es de primer nivel, como lo son Eduardo Pretell Zárate y Abundio Sagástegui Alva, dos estrellas rutilantes en la Medicina y la Biología respectivamente, dedicados a la investigación científica de su especialidad. Además, militares, como David León Cáceres, héroe de la guerra con Chile, muerto en la batalla de San Juan de Miraflores; añadiendo "Al vello sexo", como dice el Mensaje del Marqués de Torre Tagle a la Mujer Contumacina (1), "que ha contribuido con tanto heroísmo" en la guerra de la independencia, donde "Vasta saberse que Contumazá ha remitido buenos soldados y voluntarios para que todos los pueblos sigan igual entusiasmo" en las batallas de Junín y Ayacucho, donde "los incomparables y beneméritos contumacinos" dieron su sangre por la libertad. "Y si Bolívar vino a darnos libertad,/ continuando la gesta que inició San Martín,/ Contumazá de pie, con ferviente ansiedad,/ combatió en Ayacucho y también en Junín./ Dellepiani lo dice en su Historia Militar,/ cómo Miguel Saldaña con Antonio Plasencia,/ heroicos coroneles tal su viril presencia,/ compartieron la gloria de esa gesta inmortal", dice la "Oda a Contumazá" de Néstor Róger León Alva (2). "Prueba de ello es la ley del 3 de junio de 1828, con la cual Contumazá recibió la categoría de Villa "por sus eminentes servicios a favor de la causa de la independencia. Sus habitantes han sacrificado todo, personas y bienes por sostenerla", añade Juan Luis Alva Plasencia (3), y agrega: "Además, los contumacinos fueron los primeros en adherirse a la revolución de 1854, encabezada por Villanueva, Egúsquiza y Casanova, con la que Cajamarca conquistó el rango de Departamento. La lista de personas es larga", por eso el poeta sigue diciendo: "Cuando el Caín del Sur, nuestra Patria invadió,/ empuñaste el fusil resuelta y firmemente,/ David León su vida con valor te ofrendó/ su sangre contumaz cual oro refulgente./ Parientes y paisanos presurosos marcharon,/ a defender el Norte de alevosa ambición,/ estos suelos benditos que incas nos legaron,/ ahí estuvo presente Fortunato León" (4). Por eso, la deuda que el Estado y la sociedad tienen a Contumazá es enorme; pues ni siquiera la elevación a provincia (20 de Agosto de 1872) permitió rescatar y valorar a todos los héroes de la independencia y la república, tal como a nuestros escritores y artistas que siguen ahí, postergados por la mediocridad gubernamental. Pero ello sólo será posible si los contumacinos reivindican su propia idiosincrasia, formada por la rebeldía innata y la ironía sacrosanta que la caracterizan. La cual, administrada por la democracia participativa, no permitirá el abuso y la prepotencia de los políticos neocolonialistas de turno, pues "Las autoridades orgullosas/ gozan de muy buen apetito/ pero desprecian las menestras/ por comer sólo gallina y cabrito" (5), dice una de las coplas del "Cushinando", José Aguilar Morales, poeta popular contumacino del siglo XX, quien agrega: "Los secretarios del juzgado/ no son hombres malos,/ pero sí se muerden por ratos/ arranchándose los regalos", demostrando así que la "justicia" democrático-burguesa es todavía una simple y vulgar parodia en el Perú, y particularmente en Contumazá. La tarea, pues, es enorme, como enorme es la satisfacción de contribuir a su realización. Iniciada ya, felizmente, durante la primera mitad del siglo XX, donde nuestra literatura florece y adquiere ribetes inusitados, con Mario Florián a la cabeza. Liderazgo que, obviamente, ha predominado hasta nuestros días y con justa razón seguirá liderando todavía. Pero él no está sólo, lo acompañan Fidel Zárate Plasencia que antecede a su generación y Marco Antonio Corcuera de su misma promoción, aunque no con igual trascendencia pero sí con la suficiencia de ser su compañero de ruta. Más ellos no son los únicos escritores del siglo XX, antes y después existieron otros que habiendo publicado o no poemarios eran casi desconocidos en el parnaso estético. Para conocerlos fue necesario que Juan Luis Alva Plasencia publicara en 1964 su "Exposición de la Poesía Contumacina" (6), antología que develaba ya nombres de trascendencia, incluso de la segunda mitad del siglo XIX, como María Esther Nureña Mostacero (1862-1937), Samuel Alva León (1870-1919), Oscar E. Corcuera Florián (1882-1946), Nicolás Alva y Alva (1887-1928) y Alcides Spelucín Vega (1897-1976), de quien Zárate, su compañero de generación, militante aprista y parlamentario como él, dice que es "contumacino no trujillano, como la crítica sostiene" (7); pues "Contumacino fue su padre y representó, en el Congreso, a la Provincia"; aunque ahora, otros apristas, como el mismo Marco Antonio Corcuera (8), alegan que es de Ascope, sin fundamentar su nacimiento (9). Poetas que incluye también el "Documental Histórico-Geográfico de la Provincia de Contumazá" (10) de Marciano Rodríguez Alva, el más importante historiador del siglo XX, publicado con motivo del primer centenario de la provincia (1972); donde, además, rescata a Carmen Plasencia Zavaleta (1847-1928), poeta de trascendencia y de mayor antigüedad que hasta hoy se tenga memoria, de quien se dice que fue escritora, periodista y profesora, premiada por el Congreso Panamericano de Mujeres (1923) debido a un certamen literario realizado en Lima, aunque poéticamente no difundida. Además, "Diamantes Literarios Contumacinos", la antología publicado el 2002 por Francisco Deza Saldaña, la más completa hasta hoy por abarcar 150 años, añade también a Francisco Javier Deza Dávalos (Tembladera, 1885-1970), canónigo y Dean de la Catedral de Trujillo cuyos trabajos literarios (prosa y verso) solía publicar el Diario La Industria; y Francisco Leonardo Deza Centurión (1887-1980), periodista de profesión, padre del autor de dicha antología y del poeta Estuardo Deza Saldaña. Empero, como toda antología es imperfecta, en "Exposición de la Poesía Contumacina" y "Diamantes Literarios Contumacinos", existen fechas de nacimientos y de fallecimientos diferentes unas de otras, las que les quitan o les aumentan años de vida a los antologados, como ocurre con Nicolás Alva y Alva de quien Francisco Deza Saldaña dice que ha nacido en 1874, mientras que Juan Luis Alva Plasencia señala a 1887, trece años después, entre otros. Pero de los poetas de la segunda mitad del siglo XIX, sólo Fidel Zárate Plasencia editó "Ayllu de Cantares" (11), dos tomos que reúnen sus 13 poemarios (1918-1961). Los demás sólo son valorados por la publicación de sus poesías sueltas en periódicos y revistas de la época, como La Patria, La Semana, La Golondrina, Colmena y El Día, de Oscar E. Corcuera Florián, Felipe Alva y Alva y el Centro Educativo 101, editados en Contumazá, Trujillo y Cajamarca, durante los primeros 25 años del siglo XX, lapso que duró la primera "Edad de Oro" de nuestra literatura. Sin faltar, pues, autores anónimos que gracias a la publicación de las antología mencionadas, son conocidos. Además, hay que destacarlo, los hermanos Nicolás y Felipe Alva y Alva, con Alcides Spelucín Vega, Andrés Plasencia y Demetrio Cedrón (de quienes no se ha rescatado un solo poema en las antologías indicadas, a pesar de que sus nombres como poetas son mencionados reiteradamente), pertenecieron en Trujillo al famoso Grupo Norte, donde alternaron con Vallejo y Orrego, entre otros intelectuales de igual valía. Pero Fidel Zárate Plasencia, en "Los Lares Iluminados" (12), dice que "Don Andrés Plasencia y Saldaña, tipo de bohemio intelectual, (fue) estudiante singular del Diccionario y fundador de "Fray Cabezón", en manuscrito". Y "Don Demetrio Cedrón, (fue) zumbón, ingenuo, cultivado y socarrón aun para consigo mismo, toda vez que ha reírse de su propia indumentaria sentimental y anímica. Junto con don Amaro León fundaron "El Sablazo". Cedrón a de reírse, así: "José Santos Chocano,/ que no es charro ni serrano,/ agregó, sostuvo y dijo:/ (¡a manera de acertijo!),/ que será "Regional",/ uno que no es gamonal" (p. 79). También rescata a "Don José María Zárate y Castillo, quien ha de decir: "!Con el dolor de no verte,/ ni gozar de tus cariños,/ con el dolor de tu ausencia/ más se queman mis suspiros!" (pp. 78-79); otro poeta de quien es necesario averiguar sobre él y su producción poética, para que no se quede en el olvido, como ocurre con tantos otros. Así, "Los primeros poetas que exteriorizaron su subjetividad y exaltaron el paisaje fueron Felipe Alva y Oscar E. Corcuera: ellos son los iniciadores de la poesía contumacina culta y de imagen muy singular" (13), dice Mario Florián. Opinión basada seguramente en los poemas "La Cruz del Quique" y "La Ermita", del primero, y de "El Mejor de los Mundos", "Preñez Grande" y "En Un Baile", del segundo; donde, ciertamente, se exalta la subjetividad y el paisaje, pero para que sea "poesía contumacina" se requiere de algo más que eso: de la idiosincrasia de nuestras costumbres, tradiciones y leyendas basadas en la rebeldía innata y la ironía sacrosanta que la caracterizan; pues la subjetividad, presente en toda la poesía peruana y universal, exaltada hasta el paroxismo en la lírica y el romanticismo de la época clásica, por ejemplo; y el paisaje, que es sólo el decorado de la poesía andina, no son aspectos determinantes de la idiosincrasia contumacina, sino sólo aspectos complementarios, que de acuerdo al nivel estético alcanzado por el poeta podrán ser necesarios para expresarla pero nunca indispensables para determinarla. Por eso, para hablar de la "poesía contumacina" en su real indumentaria, fue necesario primero que existiera "El Hermoso Cascabamba" y, sobre todo, la misma poesía culta de Fidel Zárate Plasencia, de Mario Florián y de Marco Antonio Corcuera, entre otros poetas del siglo XX, habidos durante y después de ellos. Pero no sólo la literatura culta floreció durante 1850-1925, aproximadamente. También la narración oral ocupa un lugar preponderante en este periodo, con el Tío Lino a la cabeza. Personaje mítico de existencia real que "desde la segunda mitad del siglo XIX hasta nuestros días, forma parte de la tradición folklórica narrativa de la colectividad social contumacina, y ha de seguir formándola en los siglos que vendrán", dice Mario Florián (14)."El Tío Lino (alias de don Lino León) moraba habitualmente, en compañía de su esposa, de raza mestiza, doña Chuspi (voz qheswa que quiere decir mosca), en el Caserío de Cosiete, ubicado a 15 kilómetros de la ciudad de Contumazá". "El Tío Lino era un hombre de gran estatura, blanco, colorado y barbudo. Solía leer y escribir a duras penas". "Ya Marciano Rodríguez Alva, mineralogísta contumacino, había puesto de relieve la circunstancia particular de que el Tío Lino era, por sí mismo, autor y actor de sus relatos de sucesos falsos o de pura invención" (15). Hay que decir, además, que el Tío Lino es el primer y gran promotor de la real idiosincrasia contumacina, donde la rebeldía innata y la ironía sacrosanta que la caracterizan se desbordan en sus relatos de ficción y realismo dramático, costumbrista y social que hasta hoy no ha sido igualado ni mucho menos superado por sus seguidores, como mi tío abuelo materno Abel Castillo Zárate (16). "En Salcot, estancia de mi pueblo", dice Juan Luis Alva Plasencia (17), "don Abel Castillo nos deleitaba con narraciones extraordinarias. Don "Abelito Poncho", que así se lo llamaba, era hombre alegre, en cuya miniatura estaba encerrada la valentía de héroes. Oyó las narraciones de primera fuente, de su propio creador que fue Tío Lino, oriundo de los campos de Cosiete, Tío Lino desenvuelve su existencia durante la segunda mitad del siglo XIX y don Abelito fue uno de los tantos que acomodó dichos relatos en su milca, para conducirlos al siglo XX". Y, según Mario Florián, "se dedicó a imitar, a parodiar, a recrear o a crear nuevos relatos fantásticos humorísticos del Tío Lino. El fue, pues, un parodista y un divulgador de los relatos del Tío Lino y no un cuentista original. Las narraciones fingidas de su propia cosecha, breves e ingenuas, son insignificantes" (18). Más si la afirmación de Mario Florián fuera cierto, todos los imitadores del Tío Lino, incluido el Indio Alberto, alias de don Alberto Díaz Jomec, abuelo materno del poeta, que han divulgado "narraciones fingidas de su propia cosecha, breves e ingenuas" o ingeniosas, serían simplemente "insignificantes". Pero, "La colectividad social contumacina trae el genio humorístico desde su nacimiento, el cual ocurrió en la época colonial. Siempre esta sociedad laboral local sin letras ha sido (y es todavía) alegre, graciosa, risueña, perspicaz, satírica, picante y mordaz", como refiere el mismo Mario Florián. De ahí que cimentados en su propia idiosincrasia, siguiendo el estilo coloquial del Tío Lino, los marginados de la educación profesional de la ciudad y el campo, como una expresión de libertad espiritual, dejaron fluir su capacidad creadora sin pretender en ningún momento superar al maestro. Y ahí están, además de los ya citados, el Tío Canchungas, alias de don Marcelo Aguilar; don José Concepción Castillo, alias Conce Chapetón, que vivía en Cachil; quienes, con el Tío Abelito Poncho, son autores orales de la primera mitad del siglo XX, nacidos naturalmente en las postrimerías del XIX. "El Tío Lino, -dice Fidel Zárate Plasencia- es el poeta de la prosa, como el Tío Canchungas es el prosista o el poeta del verso; o, en otros términos, el Tío Lino es el Tío Canchungas de la prosa, como el Tío Canchungas es el Tío Lino del verso. El Tío Lino es el hombre sencillo y profundo, y por ello ama la sencillez y la bella profundidad de lo eclógico y campesino. (...) En cambio, el Tío Canchungas representa la urbe, dentro de lo relativo. Es el hombre de la ciudad, el poeta, el Amauta del verso. Si el uno representa lo ingenuo, el otro representa la malicia; si el uno lo espontáneo, lo cauto y lo natural; el otro, lo cultivado, lo refinado y lo pulido. El estilo del Tío Canchungas es brioso, breve, jocundo y áspero. Su sombra también vaga por las calles de la ciudad, en la malicio y socarronería de la gente" (Los Lares Iluminados, pp. 76-77). De los nacidos y antologados hasta 1925, tenemos a Humberto Castillo Rodríguez (Cascas, 1902-1950), profesor y poeta; Ismael Sagástegui (aquí, su segundo apellido es diferente: Juan Luis Alva Plasencia dice que es "Rodríguez" y francisco Deza Saldaña anota que es "Castillo". Yo ignoro la verdad. Pero nació en Guzmango, 1902-1993), profesor y poeta; Felipe Sevillano Díaz (1905-1965), profesor y poeta de fina estirpe popular, donde la ironía, la anécdota y el afecto telúrico se expresan en su poesía; Segundo Tomás Encomenderos Ruiz (Trinidad, 1906), en 1949 publicó "Poesía Infantil" y en 1960 ganó los Juegos Florales de Chepen; Mario Muguerza Alva (1909-1985), profesor y poeta, fue alcalde y subprefecto de Contumazá, en vida publicó poemas de índole costumbrista y de leyenda; además, póstumamente, con su primo hermano Leoncio Graciano Muguerza Alva (1925-1992), profesor y poeta, sus herederos les publicaron "Poesía Contumacina"(19); María Alva Rodríguez (Chilete, 1914), publicó en periódicos y revistas; Antero Omar Alva Sánchez (1914-1951), profesor y poeta casi inédito; y Clelia Natividad Castillo León (1915), la primera poetiza autodidacta de Contumazá. Siguen Soila Rosa Alva Lescano (aquí difiere su año de nacimiento: Deza Saldaña dice que fue en 1915 y Alva Plasencia en 1917), profesora y poeta, publicó en periódicos y revistas; Juan Luis Alva Plasencia (1916-¿2003?), profesor, autor, además de la antología mencionada, entre otros, de "Leyendas y Cuentos Peruanos", "Contumazá Centenaria y el Perú", "Cuatro Destacados Contumacinos", "Contumazá Historia Política y Educativa. El Reino Cuismancu" y "Cuentos de Tío Lino y Otros Cuentos"; Mario Florián Díaz (1917-1999), máximo exponente de nuestra literatura, escribió más de 30 libros, entre poesía, cuento, novela, narración y ensayo; Marco Antonio Corcuera Díaz (1917), conocido en Trujillo, el Perú y el mundo por sus Cuadernos Trimestrales de Poesía y El Poeta Joven del Perú, concurso que en su primera edición consagró a Javier Heraud. Ha publicado más de 10 libros, reunidos en "Tala en el Silencio" (Antología, 2001) y "Agua de Tiempo" (Cuentos, 1990), entre otros; y César Adolfo Alva Lescano (Cascas, 1918), profesor y poeta, actual integrante y presidente del Instituto de Estudios Vallejianos de Trujillo, publicó el poemario "Romancero", llamado así por el uso de la métrica octosilábica en su forma, pero en su contenido es un poeta de floresta y ancestro rural, social y metafísico. Continúan Aurea Luz Alva León (1923), profesora, pintora y poeta, publicó, entre otros, "La Voz de los Latidos", "Cuentos Infantiles", "El Rostro de Dios", "El Espíritu de la Rosa", "El Milagro del Niño", "El Taymi" y "Tierra Mía"; Segundo Obando Castillo (1924), profesor y poeta, autor, entre otros, de "Ramillete de Conocimientos" (Poesía, 1962), "Por las Sendas del Terruño" (Prosa y Poesía, 1988), y "Antología Poética" (1990); Oscar Corcuera Osores (1924), pintor y poeta, publicó "Pastorita" y "Jardín Terrestre" (1979), entre otros; Angel Uriol Castillo (1924), profesor, periodista y poeta, integrante del Grupo Literario Aramauta de Trujillo, autor de "Poemas I" (Trujillo) y "Poemas II" (Contumazá), entre otros; José Dánjoy León (1925), tiene publicaciones sueltas; y Horacio Rodríguez Montoya (1925), médico y poeta radicado en Tucumán-Argentina. A esta primera Edad de Oro (1850-1925) atañe el surgimiento y florecimiento preponderante de nuestra literatura oral y escrita, la que trae en su vientre al ser de la segunda Edad, correspondiente a las décadas de 1940-50, donde la música y la pintura no son la excepción. Es, más bien, el hálito creador que se expande; pues, "Dentro del radio urbano", dice Juan Luis Alva Plasencia (20), "nosotros conocimos a don Alejandro Rodríguez, al Tío Motoso que, con bandurria y versos improvisados, galanteaba a cuanta beldad encontraba al paso. Al Socio Palo, apodo de don Agusto García, quien concertina en mano, armaba tertulias, daba serenatas e inventaba respuestas contundentes cuando se le requería. A Agustín y Alejandro Portilla, Eduardo Pretell e Isidro Plasencia, que componían versos con temas vernaculares de "pura yema" y eran "buenos pechos" para cantarlos. Al "Borrao" Reinaldo Linares y a los hermanos Patricio y Guillermo Sheen", todos representantes de nuestra estirpe popular. Además, la inquietud cultural que con altibajos se da entre 1900-1950, donde el periodismo, el teatro, la música y la pintura marchan acordes con la literatura oral y escrita, motiva que se formen grupos generacionales para promover el arte, la educación, el deporte y la actividad social; destacando, pues, los artistas orales y cultos; dominando, claro está, el empirismo. Así, surge el Club Estudiantil, el Club Santa Teresita y el Club Unión Contumazá Olímpico (CUCO), cuyas reuniones se realizaban no sólo en la Casa Cural de la Iglesia, sino, también, "La casa del Socio Huaraco (Miguel León) es propicia para las reuniones" (21). Esta casa, ubicada en la Calle Alta, casi frente a la Cruz del Calvario, a la postre, se hizo famosa durante los primeros 50 años del siglo XX, pues a ella concurrían no sólo la intelectualidad contumacina de todos los estratos sociales, para degustar los tamales, los buñuelos y otros potajes que doña Rosa, esposa del Socio, preparaba con motivo de las fiestas pueblerinas que se realizaban casi todo el año, sino, también, para las tertulias y los agasajos que ahí se solían realizar. Los escritores que nacen y crecen hasta la segunda Edad de Oro, son Estuardo Deza Saldaña (1928), profesor y poeta, radicado en Chiclayo, ha publicado más de 13 libros; Evelia Salazar Castillo (1928-1952), profesora y poeta romántica que hoy rescato del olvido por primera vez, cuya calidad poética, dice: "Encuentro que mis frases candorosas/ se pierden en el espacio sollozante/ donde se cuentan estrellas temblorosas/ que riman las proezas de un infante./ Amor, mil veces pronunciar no puedo/ me devora la amargura y el llanto;/ sufro demasiado vida, sufro tanto/ y en interminable suspirar me quedo./ Tus ingenuas miradas me persiguen;/ el intenso eco de tus frases amorosas/ reproducen en mi pecho palpitante/ el tiernísimo vocablo ¡Alma de mi vida¡/ ¿Será acaso verdad el que abandones/ de mi sincero amor el singular pedido?/ No te muestres jamás sordo, indiferente/ porque entonces Vida, me has perdido./ Talvez me olvidas y con caricias locas/ resbalas hacia el devastado ambiente,/ donde pululan seres de plateadas bocas/ y detestas mi cariño cual infortunio./ Lamento haber escuchado de tus labios/ ¡Amor mío¡ ¡Dulce compañía¡ ¡Mi cielo¡/ Si acaso has considerado como agravios/ los consejos que te di con mi partida./ Recorreré por el horizonte más inmenso/ con el cariño verdadero, fiel e intenso/ que un día de Enero contrita te juré;/ aunque lamentes mucho haberme conocido/ y niegues que por mí tanto has sufrido,/ yo con alto valor tus pasos seguiré" (Dulce Recuerdo, Contumazá, 20 de Marzo de 1951). Siguen Carlos Pajares Vigo (1928), profesor y poeta; Andrés T. Lescano Alva (1928); Homero Salazar Castillo (1930-1977), profesor y poeta básicamente religioso; Horacio Alva Sagástegui (1930), profesor y poeta; Ethel Aldea Choz (Tembladera, 1930), poeta sordomudo pero romántico de filiación; Jorge Alva León (1931-2007), profesor, abogado, magistrado y poeta; Francisco Deza Saldaña (1931), profesor, poeta y narrador, ha publicado, además de la antología indicada, entre otros, "Pinceladas de mi Provincia Contumazá" (Poesía, 1985), "La Verdad del Proyecto de Irrigación de la Represa Cascabamba" (1990), "Tras el Espíritu Legendario del Tío Lino" (Cuentos orales, 1993), "El Ingenio Humorístico en la Tradición Contumacina" (1997) y "Evocando Gratas Experiencias" (1998); Néstor Róger León Alva (1931), profesor y poeta; José Alva Sagástegui (1933), profesor, músico, poeta y narrador, ha publicado, entre otros, "Contumazá, Historia, Costumbres y Tradición" (2005); Ciro Sagástegui Tantaleán (1933), profesor y poeta; Diómedes Agustín Alva Angulo (1933); Nicolás Cederrón Plasencia (1933), médico y radicado en Argentina; Lizardo Zárate Arce (Trinidad, 1933), profesor y poeta; Víctor Ponce Gálvez (1940), Mayor PNP y poeta; Alfonso Alva León (1943), profesor y poeta, publicó, entre otros, "Lágrimas en el verso y en la prosa"; Víctor Raúl Plasencia Castillo (Toledo, 1943), profesor y poeta, integrante del Grupo Isla Blanca de Chimbote, publicó "Achallau Florcitas" (Poesía, 1993), "Los sueños del zorro Ventolín y la gaviota Golondrona" (Cuento, 1999) y "Canta Palomita" (Poesía, 2000); Lucio Obando Guarniz (1945), profesor y poeta; Eliseo León Pretell (1947), técnico de profesión, ganador en seis oportunidades del premio de la Sociedad Internacional de Poetas, Escritores y Artistas de México, fue declarado Hijo Ilustre y Predilecto de Contumazá por la Municipalidad Provincial el 2006, es actualmente el más importante poeta costumbrista con más de 250 poesías de esta índole, publicando la mayoría de sus trabajos en sus cinco páginas web; Gladys Benko Angulo (1949), periodista y poeta, editó "Cada página un recuerdo y un sentir" (Poesía, 1967), entre otros. Cabe señalar que si bien a la segunda Edad de Oro le tocó rescatar y valorar a nuestro excelso narrador oral Tío Lino, y con él a sus más genuinos continuadores, esta laboriosa tarea continuó como un caso excepcional en la tercera Edad de Oro, pues Francisco Deza Saldaña, en su libro "Tras el Espíritu Legendario del Tío Lino", no sólo le rescata tres cuentos más, sino que siguiendo el mismo estilo literario produce 27 relatos más de su propia cosecha, incrementando así el legado histórico de nuestro querido personaje; cantidad que incluso ha superado a los recogidos por los cultos rescatadores del Tío Lino. Juan Luis Alva Plasencia, por ejemplo, en "Contumazá Centenaria y el Perú" (1972) y "Cuentos del Tío Lino y Otros Cuentos" (1990), rescata tres narraciones orales en el primero y 17 en el segundo, con ilustraciones. Asimismo, Andrés Zevallos (1916), pintor y escritor, publicó, en 1980, "Cuentos del Tío Lino"(22), donde rescata e ilustra 15 relatos, reconociendo públicamente haber aprendido estos cuentos directamente del Tío Abelito Poncho, tal como lo hizo en su oportunidad Alva Plasencia. También, Mario Florián, en "El Tío Lino y sus Relatos Modélicos Orales" (1987), refiere 24 relatos, la colección más completa hasta hoy, quien recurre a sus familiares para dar su versión, "aunque no se puede fiar de la tradición oral a la que Florián le antepone el término "módelico", dice Marco Antonio Corcuera en "Agua de Tiempo" (1990), porque es "adjetivo que no figura en el Diccionario de La Lengua pero es aceptado en la práctica". Además, "El uso que hace de la Primera Persona compromete la fidelidad del relato ya que atribuye al autor voces como zigzaguear, comilona, paludismo (en lugar de terciana), olisquear; y frases: cualquier cantidá, ni de raspadillas, tiempos de ñangué, entre otros, que, a nuestro parecer, como conocedores del medio, son extrañas al habla de la región" (23). Y en este libro de Corcuera se refiere nueve cuentos del Tío Lino. Pero, además, el autor rescata al "Tío Callua", otro personaje contumacino que merece ser mencionado en el género de la narración oral. Pues, "Don Víctor Castillo, "Tío Callua", pasó como un ermitaño los últimos años de su vida quemando carbón en la Montaña de Cachil sin contaminarse con la gente del pueblo. Cuando lo conocimos, ya declinando en su vida, era dueño de una abundante barba cana que lo semejaba a un apóstol bíblico. Dueño de una original simpatía que la aderezaba con ocurrencias llenas de gracia y diafanidad con las que sabía entretenernos en las ya lejanas horas de nuestra niñez", dice Marco Antonio. A este narrador oral, Corcuera le rescata 10 ocurrencias originales, las que siguen también el estilo y la técnica del Tío Lino. Añadiré que el Tío Callua, don Víctor Castillo, según datos familiares maternos, era pariente cercano (posiblemente su hermano mayor) de don José Concepción Castillo, alias Conce Chapetón, quien también vivía en Cachil; el cual, según Fidel Zárate Plasencia, era "poeta en prosa, improvisador feliz en la épica del cuento, y estampa viva del chirigotista oportuno, aventurero y riente; desgraciadamente sin obra escrita" (Los Lares Iluminados, p. 78). Ellos, mayores que Marco Antonio Corcuera, fueron también parientes del Tío Abelito (Poncho) Castillo Zárate, hermano de padre y madre de mi abuela Petronila, que vivía en la Calle Alta de Contumazá, a quien don "Conce Chapetón" solía visitar. Por eso, mi madre, cuanta que era hombre alto, fornido y barbudo; pícaro y enamorador hasta dónde no más; pues, su galantería, no tenía reparos cuando era menester. Por lo que una noche, en Semana Santa, cuando don "Chapetón", en plena procesión, cortejaba a las contumacinas, mi tía Matutina y mi madre, que por entonces eran adolescentes, decidieron quemarle las barbas por atrevido. Se acercaron a él y disimuladamente, fingiendo que la gente las empujaba, le arrimaron la vela ardiendo y las barbas, que le llegaban hasta el pecho, ardieron inmisericordemente. Sólo así, dicen, pudo vivir lampiño por algún tiempo. Además, José Alva Sagástegui, en "Contumazá, Historia, Costumbres y Tradición" (2005), entre las páginas 253 y 347 rescata las ocurrencias, anécdotas y cuentos de José Glorioso Gordon Alva, el Tío Motozo, con cuatro; del Tío Abel (Poncho) Castillo Zárate, 29 cuentos y anécdotas, más el de "Los diez pollitos" que cuenta Juan Luis Alva Plasencia en "Cuentos del Tío Lino y Otros Cuentos", son 30 "ocurrencias" que se conocen ya del más importante "continuador" del Tío Lino; rescata también a don Ulpiano García Muñoz, el peluquero de la ciudad que con sus once anécdotas se ubica en un sitial importante; también está Santiago Vergara, el "Shanti", de quien describe 18 ocurrencias; sigue Eliseo Chigne Morales, el famoso "Licho", con 10 anécdotas; asimismo, don Víctor Alfonso León Florián, el "Chinfay", participa con 10 ocurrencias; Igualmente don Manuel Rodríguez, sin apodo pero con una picardía de tacaño, igual que sus hijos Luis y Jorge Rodríguez Montoya, participan con siete ocurrencias; está también don Pedrito Plasencia, quien solía transformarse en "león", con sus dos únicas ocurrencias conocidas; y no falta don Sacramento Pretell, conocido como "Camento Lindo", con sus tres picardías; don Lizardo Saldaña, alias "Gordo", era otro personaje ocurrente de quien se da a conocer cinco de las suyas; sin faltar, por supuesto, Nolberto Castillo, alias "Grillo", con tres picardías; añade también al "Loco Jaco"; a don Francisco Castillo, el "Sango"; al mudito Jave, a la loquita Carmen, al Juan "Todoto" y al "Inciso", el cojito de Toledo; todos personajes reales del siglo XX. Así, pues, referente al Tío Lino, si consideramos los 24 relatos reunidos por Florián, de los cuales, en diferentes cantidades, Alva Plasencia, Andrés Zevallos y Corcuera, que han difundido en sus libros referidos, más los tres "nuevos" que da a conocer Francisco Deza Saldaña, conocemos sólo 27 relatos originales del Tío Lino, igual número publicado por su más productivo imitador: Deza Saldaña. Superado ya, gracias a José Alva Sagástegui, por el Tío Abelito "Poncho", de quien se conoce ya 30 relatos. Seguido, de lejos, por los demás narradores orales, quienes a pesar de su menor cuantía merecen ser reconocidos como tales. Finalmente, la cuarta Edad de oro, con la que concluye el siglo XX, está formada, entre otros, por Hugo Díaz Plasencia (1952), profesor, poeta y periodista, integrante del Grupo Literario Runakay de Trujillo, ha publicado "El Libro de Job" (Poesía, 1976), "Entreacto" (Poesía, 1986) y "Arquitectura Interior" (Poesía, 1997); José Zárate Plasencia (1953), contador público y poeta; Ernesto Cederrón León (1955), poeta y narrador, actual Vicerrector Académico de la Universidad nacional del Santa, publicó "Cuentos de mi Infancia" (2005) y dirigió con otros intelectuales la Revista de Cultura "Bellamar" de Chimbote, donde trabaja; Juan Villena Zárate (Toledo, 1955), narrador autodidacta, publicó la novela "El Cautiverio de Lucrecia" (Segunda Edición, 1999); Gonzalo Alva Alva (1956), profesor y poeta, editó "Árbol de Amor" (Poesía, 1979) y "Los últimos días de un joven desesperado" (Cuento, 2001); Diómedes Morales Salazar (1956), poeta, narrador y periodista de oficio, fundó el Grupo Literario Nuevo Amanecer (1976), el Círculo de Arte y Literatura César Vallejo (1978) y desde 1984 hasta la fecha pertenece al Grupo Literario Greda, de Trujillo, donde radica actualmente, publicó "No Intenten Sobajarme Con Quizás" (Poesía, 1981) y "Perduransias" (Poesía, 1996), además, entre otros, en 1984 ganó los Primeros Juegos Florales "Mario Florián" de Contumazá, en poesía; Jorge Muguerza Plasencia (1956), ingeniero civil y narrador, publicó "Retratos" (Cuentos, 1999); Jorge León Muguerza (19 ), profesor, narrador y poeta, publicó "Agua para mi tierra" (Cuentos, 1991) y el poemario "Trigal"; Jorge León Collantes (19 ), ganador, en 1984, en cuento, de los Primeros Juegos Florales "Mario Florián" de Contumazá, ha publicado diversos relatos en diferentes revistas literarias del país; y Luis Enrique Plasencia (1974), profesor, poeta y narrador, integrante del Grupo Literario RenaSer de Trujillo, en cuyas publicaciones difunde su prosa y verso de singular calidad, tiene también algunos premios en el concurso Lundero. Esta generación, con Jorge Muguerza, Luis Enrique Plasencia, Ernesto Cederrón León y Juan Villena Zárate, entre otros, inicia todo un proceso de narración oral y escrita, entrelazadas una a la otra, para plasmar la idiosincrasia contumacina, como una etapa diferente a nuestro inolvidable Tío Lino, pero más integradora y de real existencia. Y en lo que a poesía se refiere, Hugo Díaz Plasencia, Diómedes Morales y Luis Enrique Plasencia, sin menospreciar la calidad estética de otros, pero a la vez sin falsas modestias, son los representativos de esta generación. NOTAS: 1.- Contumazá Centenaria y el Perú, Juan Luis Alva Plasencia, pp. 90, (Lima, 1972). 2.- Diamantes Literarios Contumacinos, Francisco Deza Saldaña, pp. 276-280, (Trujillo, 2002). 3.- Cuatro Destacados Contumacinos, Juan Luis Alva Plasencia, pp. 210, (Lima, 1986). 4.- Ver Nota 2. 5.- El Ingenio Humorístico en la Tradición Contumacina, Francisco Deza Saldaña, pp. 55, (Contumazá, 1997). 6.- Exposición de la Poesía Contumacina, Juan Luis Alva Plasencia (Lima, 1964). 7.- Los Lares Iluminados, Fidel Zárate Plasencia, p. 80, Primera Edición 1941. 8.- Poetas de La Libertad, Antología, Trujillo, 1992. 9.- Juan Luis Alva Plasencia, en su "Exposición de la Poesía Contumacina" (1964), dice que Alcides Spelucín Vega nació en Cascas (p. 21), y Francisco Deza Saldaña, en "Diamantes Literarios Contumacinos" (Antología, 2002), tomando el referente anterior (p. 49), señala también a Cascas como su tierra natal. 10.-Documental Histórico-Geográfico de la Provincia de Contumazá, Marciano Rodríguez Alva, pp. 164-186, Trujillo, Agosto de 1972, Editado a Mimiógrafo por el Centro de Residentes Contumacinos con motivo del Centenario de la Provincia. 11.- Ayllu de Cantares, Fidel Zárate Plasencia, Tomo 1 y Tomo 2, Imprenta de la UNMSM, (Lima, 1961). 12.- Los Lares Iluminados, Fidel Zárate Plasencia, (Lima, 1941). 13.- Contumazá Centenaria y el Perú, Juan Luis Alva Plasencia, pp. 93. 14.- El Tío Lino y sus Relatos Modélicos, Mario Florián, pp. 08-13, Kuntur Paku Editores SA. (Trujillo, 1987). 15.- Ver Nota 14, pp. 09. 16.- Los hermanos Castillo Zárate fueron, sin orden cronológico, Juan, casado con Inés; Cónce, casada con Zacarías León; Moisés, casado con Adelaida; Abel, casado con Virginia Alva; y Petronila, casada con Laureano Salazar Córdova, mis abuelos maternos. 17.- Contumazá Centenaria y el Perú, Juan Luis Alva Plasencia, pp. 04. 18.- Ibid, pp. 13. 19.- Poesía Contumacina, Mario Víctor Muguerza Alva y Leoncio Graciano Muguerza Alva, Creamax Editores, (Trujillo, 2001). 20.- Cuentos del Tío Lino y Otros Cuentos, Juan Luis Alva Plasencia, pp. 08, (Concytec, Lima 1990). 21.- Cuatro Destacados Contumacinos, Juan Luis Alva Plasencia, pp. 86, (Lima, 1986). 22.- Cuentos del Tío Lino, Andrés Zevallos, Lluvia Editores (Lima, 1980). 23.- Agua de Tiempo, Marco Antonio Corcuera, pp. 03, (Trujillo, 1990).

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